Cuando una pareja tiene que recurrir a tratamientos de reproducción asistida para conseguir un embarazo, a menudo tiene una sensación de exclusividad importante. Dentro de una sociedad aparentemente fértil donde todos sus amigos y familiares tienen hijos sin ninguna dificultad, se sienten “raros” por no poder concebir un hijo de forma natural. Con frecuencia aseguran sentir cierto alivio cuando vienen a la clínica de reproducción asistida y ven que en la sala de espera hay otras muchas parejas como ellos. No son los únicos.
En los últimos años un número elevado de niños han sido concebidos mediante las llamadas nuevas técnicas de reproducción. Se calcula que en España, desde que nació la primera niña mediante una Fecundación in Vitro, han nacido más de 60.000 niños mediante estas técnicas.
Si tenemos en cuenta que la Inseminación Artificial con gametos propios y con gametos donados ya existía anteriormente, podemos calcular que el número de niños concebidos “de otra manera” es muy superior a estas cifras. En la actualidad, se calcula que entre un 12-18% de los niños nacidos en hospitales españoles han venido al mundo gracias a estas técnicas.
Si nos centramos en el tema de la donación, en la actualidad entre un 30 y un 40% de los ciclos que se realizan en nuestras clínicas, son con donación de gametos.
Ante la situación en la que se encuentra la pareja que se plantea la donación, generalmente caben tres opciones: vida sin hijos, adopción o donación de gametos. Ciertamente, llegar a estas opciones conlleva un gran sufrimiento y pérdida, ya que supone prescindir de tener hijos biológicos con gametos propios. Es bueno que la pareja piense y reflexione sobre qué opción es la mejor para su caso.
También es de vital importancia el apoyo social-familiar con el que cuenta la pareja y el nivel de conocimiento que su entorno tiene respecto al tema de la donación. En este sentido, es aconsejable que la pareja haga partícipe a las personas de confianza de que están en tratamiento de reproducción asistida. Contar con el apoyo de las personas cercanas es positivo porque así se evita que la pareja soporte toda la responsabilidad de ser el único frente emocional con el que cuenta la otra persona. Además ayuda a normalizar la situación y evita el estrés de tener que estar ocultando y/o negando el deseo de tener un hijo o las visitas continuas a la unidad de reproducción.